Usos clínicos clave de la monitorización de CO2 al final de la espiración explicados
December 27, 2025
En la práctica clínica, evaluar con precisión la función respiratoria de un paciente e identificar los riesgos potenciales de forma temprana es crucial. La monitorización del dióxido de carbono al final de la espiración (ETCO2), un método no invasivo y en tiempo real, está ganando un reconocimiento cada vez mayor. No solo refleja el estado metabólico, circulatorio y ventilatorio, sino que también proporciona información crítica durante las emergencias. Este artículo explora los principios, métodos y aplicaciones clínicas de la monitorización de ETCO2 para ayudar a los médicos a dominar esta tecnología práctica.
El dióxido de carbono (CO2) es el producto final del metabolismo celular. A medida que las células utilizan oxígeno y glucosa para producir energía, liberan agua, CO2 y energía. El CO2 juega un papel fundamental en el mantenimiento del equilibrio ácido-base. Dependiendo del pH sanguíneo, el CO2 puede convertirse en ácido carbónico (H2CO3, un ácido) o bicarbonato (HCO3-, una base).
En la sangre, el CO2 existe en tres formas: bicarbonato (HCO3-, ~70%), unido a la hemoglobina (~20%) y disuelto en el plasma (~10%). El bicarbonato influye significativamente en el pH sanguíneo, mientras que la medición directa del CO2 refleja la eficiencia de la ventilación. Aunque la monitorización de ETCO2 no indica directamente el equilibrio ácido-base, evalúa eficazmente la ventilación.
El CO2 se combina con el agua para formar ácido carbónico, que se disocia en bicarbonato, agua y CO2, principalmente en los glóbulos rojos. El bicarbonato vuelve a entrar en el plasma, mientras que el CO2 y el H2O se transportan a los alvéolos para la exhalación. Los pulmones actúan como una "bomba", facilitando el intercambio de gases.
Los gases se difunden de áreas de alta concentración a áreas de baja concentración. En las arterias pulmonares, la sangre desoxigenada tiene una PCO2 de ~46 mmHg y una PO2 de ~40 mmHg. El oxígeno alveolar (PO2 ~100 mmHg) se difunde en la sangre, mientras que el CO2 sanguíneo se difunde en los alvéolos (PCO2 ~40 mmHg). Dado que el aire inhalado contiene un mínimo de CO2 (<0.04%), la monitorización del CO2 exhalado evalúa el intercambio de gases y la ventilación.
ETCO2 integra tres procesos fisiológicos: metabolismo, circulación y ventilación. En pacientes con función pulmonar normal, el CO2 arterial (35–45 mmHg) y el ETCO2 se correlacionan estrechamente, con una discrepancia de 2–5 mmHg debido a la falta de coincidencia ventilación/perfusión (V/Q). Sin embargo, los pacientes críticamente enfermos, especialmente aquellos con ventiladores, pueden exhibir discrepancias mayores, lo que requiere el seguimiento del CO2 arterial basal y las comparaciones de gasometría arterial durante desviaciones significativas.
La interpretación del ETCO2 requiere considerar el estado de perfusión. La ventilación del espacio muerto (ventilación alveolar sin perfusión) disminuye el ETCO2, causada por una alta presión en las vías respiratorias, exhalación insuficiente, shock, hemorragia o fallo de la bomba. La producción de CO2 también afecta las lecturas; condiciones como infección, fiebre, convulsiones o sobrecarga de carbohidratos aumentan el CO2. El análisis de tendencias es esencial para la aplicación clínica.
- Monitores de flujo lateral: Muestrean el gas a través de una pieza en T conectada a las vías respiratorias, con una tasa de muestreo de 150–200 mL/min. Inadecuados para neonatos, ofrecen opciones no invasivas y rentables, pero tienen ligeros retrasos.
- Monitores de flujo principal: Se insertan directamente en el circuito del ventilador para una respuesta más rápida, pero añaden espacio muerto mecánico y peso. Incompatibles con la ventilación no invasiva.
- Monitores de microflujo: Utilizan espectroscopia de correlación molecular para una alta precisión. Ideales para la sedación procedimental, requieren monitores independientes y son prohibitivos en cuanto a costos.
Los datos de ETCO2 solo son valiosos cuando se interpretan clínicamente. Las formas de onda, basadas en el tiempo o el volumen, revelan el estado de la ventilación. La capnografía basada en el tiempo, que muestra el CO2 a lo largo del tiempo, es estándar para la evaluación clínica. Las anomalías en la forma de onda pueden indicar un mal funcionamiento del dispositivo o el deterioro del paciente.
En condiciones ideales, los niveles de CO2 arterial y ETCO2 muestran una proporción de 1:1 con un gradiente de 2–5 mmHg (espacio muerto fisiológico). El gradiente se amplía en dos escenarios:
- Aumento del espacio muerto: El espacio muerto anatómico (~150 mL en adultos) permanece fijo, pero el espacio muerto alveolar aumenta en la EPOC, la embolia pulmonar o la ventilación con presión positiva.
- Baja perfusión: La reducción del flujo sanguíneo (por ejemplo, hemorragia, insuficiencia cardíaca, vasodilatación) disminuye la difusión de CO2, lo que reduce el ETCO2.
El seguimiento de este gradiente ayuda a identificar trastornos pulmonares o de perfusión y garantiza la precisión del monitor.
- Intubación endotraqueal: Confirma la colocación del tubo y detecta el desprendimiento durante el transporte.
- Reanimación cardiopulmonar (RCP): Se correlaciona con la presión de perfusión coronaria; un ETCO2 bajo predice malos resultados.
- Sedación/analgesia procedimental (PSA): Detección temprana de depresión respiratoria u obstrucción de las vías respiratorias.
Los usos emergentes incluyen la monitorización metabólica en la cetoacidosis, la intubación nasotraqueal a ciegas y la optimización de la presión del manguito traqueal. Combinada con la evaluación física, la monitorización de ETCO2 proporciona datos vitales de ventilación en entornos prehospitalarios, de emergencia y procedimentales.

